Hoy me levanté temprano, como siempre. Sobre uno delos laterales de mi casa situada en una esquina, pude ver una alfombrade hojas amarillentas sobre la vereda. Hoy empieza abril, me dije.
Nunca tengo en claro qué me sorprende más: si quecada abril llega más rápido o que las hojas empiezan a caerse antes delo que creo que deben caerse.
Traté de relajar mi mirada en los colores ocres,pero mis ojos estaban cansados por venir de una mala noche durmiendo allado de un desconocido. Qué chica puede ser la cama en estascircunstancias!
Mientras trababa de acomodarme, las pocas horas que dormí estuvieron asaltadas por sueños inundados con más desconocidos.
Tal vez este mes trae más balances de los que puedoasimilar, tal vez las hojas que caen también son parte de la piel de mialma, que pide una mudanza inmediata y una atención clara para quepueda volver a brotar en la primavera.
He pasado casi 38 abriles de mi vida, de los cualestengo recuerdos de algunos tantos. Abriles muy felices y abriles muytristes. Pero con la misma sensación constante: la necesidad de metermepara adentro como un caracol que se resguarda de algún agente externo,de volver a la calle de mi infancia para recoger algún sueñoextraviado, o de compartir algún tiempo con alguien que me conocióvirgen, inmadura y joven.
Este mes va a ser duro y crítico, pero a la vez esperanzador, como la lluvia constante que viene a limpiarlo todo.
Dejaré las hojas en mi vereda, para recordar que bajo mis pies ellas hacen el camino más acolchado.
Mientras tanto sigo decantando...
En la bóveda de la tarde cada pájaro es un punto del
recuerdo.
Asombra a veces que el fervor del tiempo
vuelva, sin cuerpo vuelva, ya sin motivo vuelva;
que la belleza, tan breve en su violento amor
nos guarde un eco en el descenso de la noche.
Y así, qué más que estarse con los brazos caídos,
el corazón amontonado y ese sabor de polvo
que fue rosa o camino-
El vuelo excede el ala.
Sin humildad, saber que esto que resta
fue ganado a la sombra por obra de silencio;
que la rama en la mano, que la lágrima oscura
son heredad, el hombre con su historia,
la lámpara que alumbra".
Resumen en Otoño - Julio Cortazar
P.D.: es muy improbable que mis cantautorespreferidos o mis escritores favoritos entren a leerme, pero como quientira una cápsula al espacio para la posteridad, me gustaría que sepanque cada uno de ellos me acompaña en distintos momentos de mi vida. Noson imprescindibles, hubiese sobrevivido sin escuchar a Serrat o sinleer a Millás, pero sin duda los días hubieran sido un poco mássombríos y no hubiese tenido a quien recurrir cuando uno no encuentralas palabras para expresarse.
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