
Yo entiendo que tanto trabajo pre campaña les esté quemando lasneuronas al matrimonio presidencial, pero no creo que tanto como parahacer oídos sordos de lo que pasa en nuestro país.
Qué tipo de sangre tiene la señora Cristina que no se sube alhelicóptero que le estamos pagando para asistir a los ciudadanos queestán sufriendo en el Chaco? Seguramente la nota me la perdí o lo hizosin que nadie se enterara.
También me pregunto: recaudaciones que marcan record histórico,devolución de impuesto a las ganancias, aumentamos a los abuelos (muymerecido y corto) y muchos ejemplos más de que acciones pre campañaestán comprando votos.
Ya que estamos señor presidente, no quiere ir a comprar algunos votos al Chaco?
La actitud de nuestros dirigentes para esta situación de indigencia,desnutrición y pobreza en el Chaco (que es una provincia de laRepública Argentina) es deplorable. No esperemos que vuelva Evita ni sereencarne la madre Teresa por estos lugares.
Sólo hay que hacer las cosas bien.
Perdón cuando me apasiono digo cualquier cosa, seguro me estoy equivocando en todo.
Por favor lean la nota que salió en el diario El País de España.
Esto ocurre en Argentina, donde parece que todos nos estamos quedando ciegos, sordos y mudos.
"Señorita, ¿a qué hora nos dan el desayuno?". Nélida Espinosa,profesora de primaria desde hace nueve años, escucha esta pregunta unay otra vez de sus alumnos. A unos metros de su aula, se calientan enuna perola varios litros de leche rebajados con agua para que cundanmás. En la destartalada pero limpia habitación que hace de cocina de suescuela hay, además, un saco de cartón lleno de panecillos. Esprobablemente la única comida del día para muchos de los alumnos de laEscuela número 50 de Villa Andrés, en Resistencia (1.020 kilómetros alnorte de Buenos Aires).
Los profesores de la región argentina de Chaco se han movilizadopara denunciar que los alumnos se les duermen de hambre en el paísconocido por su producción masiva de carne. Y eso en Resistencia, lacapital: en el interior de la región, 12 personas han fallecido ya pordesnutrición desde el 15 de julio, todas ellas indígenas.
"De los 20 chicos que tengo en clase apenas seis o siete captan loque digo, el resto piensa en la hora del desayuno. Luego se duermen",se desespera Espinosa. La situación se repite en los colegios públicosde Resistencia.
Chaco es una provincia duramente castigada por la crisis. Aquí laque la Administración pública es la primera fuente de empleo con 60.000puestos de trabajo. De su millón de habitantes, el 48% se sitúa bajo elumbral de la pobreza. Hay un 30% de indigentes que apenas sobrevivencon 1,75 pesos (43 céntimos de euros) al día. El kilo de pan cuestatres pesos, unos 0,75 euros.
Para los profesores la labor educativa ha pasado a un segundo plano,porque en el primero está el mantenimiento físico de sus alumnos. "Elpresupuesto que recibimos para comida es de 55 céntimos de peso porniño y día. Tenemos que organizar rifas, juegos, funciones de títeres opedir donativos para darles algo", asegura Norma Papinutti, docente delJardín de Infancia número 57 de Independencia.
No siempre fue así. Chaco era una región argentina dedicada en granparte al cultivo del algodón y con alguna industria, sobre todo textil.La industria fue desmantelada durante los años noventa y el algodón hasido sustituido en los últimos años por la soja, mucho más rentable. Elproblema es que el primero de esos cultivos necesitaba sietetrabajadores por hectárea y el segundo apenas requiere de uno. Elresultado es una gran corriente migratoria de personas que abandonanlas áreas rurales y se concentran en torno a Resistencia, la cercanaCorrientes o terminan en el gran Buenos Aires.
Cinturón de pobreza
La capital de Chaco está ahora rodeada de un cinturón de pobrezadonde no son raras las cabañas de adobe o con paredes formadas poresteras. Casi todos sobreviven con los 150 pesos (unos 36 euros) que elGobierno local, en manos de los radicales (un partido no peronista),les otorga. "Acá estoy mejor que en Laguna Negra", asegura ArgentinaIasco, de 40 años (parece que tiene 20 más). Iasco llegó hace variosmeses de una localidad del interior. Descalza y rodeada de basura, vivea apenas cinco minutos en coche de la principal calle de Resistencia.
Como el territorio se halla inmerso en un proceso electoral, loscandidatos han repartido ladrillos y cemento por doquier. Los niños sealimentan en las escuelas públicas de la zona. Por falta depresupuesto, los centros dejaron este año de dar almuerzo y sólofacilitan el desayuno. El resultado es que el absentismo escolar se hamultiplicado.
"El problema es que la situación, lejos de mejorar, se estádeteriorando. Hay un importante deslizamiento de la clase media haciala pobreza", denuncia Rolando Núñez, director del Centro Mandela, unorganismo local de defensa de los derechos humanos que destaca que eldrama es mucho mayor de lo que se pueda estimar. "Los chicos pasanhambre. Así de claro. Los pequeños se duermen y los mayores a veces sedesmayan. Y no hablamos de zonas alejadas, sino de cosas que sucedenahora mismo a pocas cuadras del centro de la ciudad", subraya SergioSoto, secretario general en Chaco de CETERA, el principal sindicatoargentino de profesores.
"El tema del hambre es impopular en Argentina, pero aquí además seestá produciendo un auténtico genocidio silencioso sobre lascomunidades indígenas del interior", recalca Rolando Núñez. En lasúltimas semanas se han producido 12 muertes por desnutrición deaborígenes de la comunidad de Villa Río Bermejito, situada en elinterior de la región, en una zona conocida como El Impenetrable. Losaborígenes, de la etnia toba, presentan un grado de desnutricióninconcebible en un país considerado el granero del mundo y donde segúnlas estadísticas oficiales cada argentino consume entre 60 y 70 kilosde carne al año. "En Chaco hay entre 50.000 y 60.000 aborígenes. El 96%vive bajo el nivel de indigencia y el otro 4% restante, bajo el depobreza. No hay un solo aborigen que pertenezca a la clase media",subraya.
"Los funcionarios dicen que es un problema cultural, acusan a losindígenas de no querer tratarse, y a lo sumo hablan de un problemamédico. Pero en esta provincia hay hambre", resalta Sergio Soto, quienha encabezado varias manifestaciones de profesores para denunciar lasituación. Y mientras hay una Argentina desarrollada que atrae alturismo internacional, Soto se lamenta: "No nos diferenciamos en nadade Biafra o Eritrea".
"Aunque no quieran reconocerlo, Chaco vive una situación deemergencia sanitaria debido al hambre", denuncia Rodolfo Cobo, exdirector de Medicina Materno-Infantil, quien subraya que, aunque loscasos de los indígenas son los más llamativos, el verdadero problemaestá en el cinturón de pobreza que rodea Resistencia. "Al menos lamitad de la población no come".
El país
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