
Círculo de Nubes - Richard Calvo
Unmillón de veces he hablado sobre el anestesiamiento, como si fuese unaenfermedad que no puede extirparse. Cuando me refiero a él, en generales para reflejar esas horas que las vivimos como si no pudiéramosbajarnos del tren, ni elegir el andén, ni desviarnos por otras vías. Larealidad nos pasa por el costado, estamos desbordados de tantorealismo, de tanta noticia, de tanta sinceridad, que de pronto eseviaje en tren es como un descanso y un remanso.
Muy a mi pesar, he caído en varias oportunidades en este estado de trance.
Cuandouno es chico, y está subido en la casilla rodante que manejan nuestrospadres o tutores de turno, a veces no tenemos muchas opciones, o notenemos herramientas para encontrarlas. De modo que aspiramos deltubito que nos hace entrar en ese estado. Hoy cuando me preguntan porqué soy tan facilista tengo varias respuestas. Una que he aprendido avivir como si no pasara nada cuando en realidad te están destruyendo lamesa de la cocina a patadas. Otra de las respuestas posibles, es que hepasado cosas peores, y detesto el alarmismo, cuestión que muchas veceshace que una nube negra se instale entre el problema y las posiblessoluciones.
Práctica? Bueno, casi todo en la vida es cuestión de práctica....
Alsalir de mi adolescencia, y hasta pasada la juventud, la maternidad yla convivencia, he pasado largos períodos de anestesiamiento. Estos hanpermitido simplemente que los días pasaran de tal manera, que cuandouno mira hacia atrás es muy poco lo que encuentra, salvo alguna otrapregunta del tipo: y yo dónde estaba?
Respuestas:para una mujer pasar por estos períodos no es tan complicado. Siemprepodemos tener a mano miles de actividades nuevas y que no hemos probadonunca. Por eso es que en un lapso de un año podemos ir a telar, cocinartoda la colección de Blanca Cotta, aprender crochet, anotarnos en aeroboxing, Pilates, yoga, hacer la ropa de toda la familia incluida la delperro. En fin, actividades que ayudan a que los días se acorten, lasnoches lleguen con sueño y no nos asalte ningún pensamiento disparatadodel tipo: qué me está pasando o qué estoy haciendo con mi vida?
Lossíntomas de esta enfermedad siempre vienen solitos y sin previo aviso.Un día nos encontramos llorando sin saber por qué, o con un ataque derabia sinsentido, con la vista perdida en los más hermosos atardeceressin poder disfrutar, tirados en la cama sin poder despegarnos de lassábanas, mojando nuestros sueños olvidados.
Siempredigo que empezar a salir de estas situaciones no es sencillo. Perohaciendo un salto hacia adelante, y una vez que ya nos reconciliamoscon nuestra esencia, el fantasma del estado de trance nos puedesorprender en cualquier momento.
Aveces dura unos días, otras semanas. Podemos sacudirnos, levantarnosrápidamente y querer organizar todo, acomodar el escritorio, elarmario, la casa, los papeles, las cuentas y así pretender que estamosvivos. El ruido va tapando nuestros sentimientos y estamos otra vezdando vueltas en la rueda de la vida.
Es eso que llamamos piloto automático, meter la cabeza bajo la tierra, estar como zombi, estar fumado.
Elrecurso puede llegar a ser útil visto desde otro punto de vista: cuandonecesitamos abstraernos para pensar en una sola cuestión, cuandonuestra cabeza está inundada con un solo color, cuando se nos aparececada dos segundos una sola imagen. En este caso, no queda otra queesperar y dejarse mecer en las aguas del divague.
perro1970, divagues, reflexiones, anestesiado, personal, relatos
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