
El Arca de Noé - Lissandra Neiley Molina
Me
acurruqué como pude, en el último rincón del Arca, juntando mi hocico
con mi cola, como hacía cada vez que me sentía abandonado.
Mi
jornada había empezado como termina un cuento de hadas: maravilloso,
feliz, soleado. Revolcando mi lomo en extensos prados, mordisqueando el
cuello de mi compañera y levantando mi hocico cada tanto para aspirarlo
todo, como si el todo se fuera a terminar.
No lo pude advertir. El diluvio barrió mi totalidad y alguien me rescató de la eternidad de la muerte.
Y allí estaba, viviendo el frío y tiritando soledades.
El único entre tantos pares.
Yo que había nacido para ser dos, estar a los pies, lamer la mano, mover la cola, esperar y recibir.
Levanté
la vista y en un lenguaje universal supliqué a Noé que me salvara, pero
esta vez dejando fundir mis pelos, mi cola, mi lengua azulada y mis
orejas cansadas junto al agua que se llevó a mi otra mitad.
Postdata
Miércoles.
Noche de taller literario. Por lo general no acompaño mis anotaciones
con otra cosa que no sea alguna imagen u otro poema. Pero esta vez
tengo para escribir postdata.
El
juego surgió de un cuento que hablaba del Arca de Noé, y la consigna
era escribir sobre alguien o algo que tiráramos fuera del Arca.
Primero
se me ocurrió que de todas maneras yo ya estaba fuera del Arca aún
antes de entrar. En qué lugar estaría yo si la cuestión era subir de a
dos?
Luego,
dando paso a la imaginación y encontrándome arriba aún sin par, me vino
a la mente echarme a mí misma, de otra manera no sería yo, con ese
discurso tan arraigado de que los demás viven mejor sin mi presencia.
El
mundo del subconsciente es muy meterete, no nos deja en paz ni aún en
esos momentos creativos en done podríamos aprovechar para tirar a un
elefante por la borda.
perro1970, arca, noe, apuntes, taller, relatos, perro, soledad, par
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