Algo en mi cuerpo me dice que no estoy conduciendo bien los actos de mi vida.
Es una rigidezextrema que va desde la mitad de la espalda hacia el cuello, lo quehace que al rotarlo se escuche indefectiblemente un sonajero de huesos.
Me pongo a revisarmi lista de prioridades, mis manos agrietadas me dicen que tal vez esasprioridades no van por buen camino, lo mismo que mi cuello. En fin, eleterno dilema de descifrar que es lo que queremos hacer y que es lo quedebemos hacer. Lo importante sería sacarse de encima ese autohostigamiento que hace que uno quiera rendir más, hacer más, tener más,saber más.
Mientras me esperauna carpeta llena de hojas que tengo que leer y no quiero, me preguntoquién me mandó a meterme en tamaña empresa. De pronto la respuestallega: yo sola. Y trato de recordar que me había propuesto decidirparar antes de que fuera una simple obligación.
También recuerdoahora que seguramente el relajante muscular que me tomé anocheprobablemente trajo efectos adversos, se me vino a la memoria un sueñotan prohibido que es imposible repetirlo siquiera a mi misma.
Volviendo al tema,el camino me muestra una encrucijada: tengo la libertad de volver peroaún me intriga por qué sigo empecinada en hacer cosas que luego mepesan y me exigen mucho.
Viendo a mí alrededor, no creo que muchas personas tengan mi dolencia.
Como esta es una divagación abierta no he encontrado mejor broche que una frase del Nano:
Cuéntale a tu corazón
que existe siempre una razón
escondida en cada gesto.
Del derecho y del revés
uno sólo es lo que es
y anda siempre con lo puesto

Esteperro bien puedo ser yo, está super entrenado (igual que yo) para hacerlas compras solo y vaya a saber cuántas cosas más. Uff!!
perro,
exigencias,
personal
perro,
exigencias,
personal