Esta historia, no sólo es la historia representativade muchos argentinos que hoy rondan los 30 años, no sólo es la historiade abuelas y madres buscando a la cría arrebatada.
Es la historia de la mentira y de la infamia, de laapropiación, del egoísmo. Un niño criado en un seno familiar en dondese lo engaña constantemente, tiene una infancia a medias, vive susprimeros años con los ojos vendados. El camino del autoconocimiento yde la búsqueda de la identidad es eternamente largo.
Esta no solamente es la historia de otra niñaarrancada del vientre de su madre. Es la historia de una niña a quienquisieron engañar, disfrazar, y desnudar de su identidad.
El accionar de los padres adoptivos de María EugeniaSampallo, hace que me pregunte para qué la "adoptaron", raptaron odesearon criarla.
Quién es padre? Aquel que posee a su hijo como unapertenencia, para perpetuar el apellido, las ideologías y la mentira? Oaquel que simplemente deja ser, y privilegia la verdad y la dignidadcomo estandartes de la vida?
El triste alegato de los padres adoptivos que reza que sin la ayuda de éstos María Eugenia estaría hoy tirada en una zanja, no merece mayor análisis que el de la triste autodefensa de lo que es indefendible.
"Que la sociedad deje de aceptar que se robenhijos de otras personas". Asediada por los periodistas pero con elánimo firme, María Eugenia Sampallo acababa de escuchar en la sede delos tribunales de Buenos Aires cómo la fiscalía pedía 25 años para lostres autores del robo de un bebé. Sampallo es a la vez la denunciante yel objeto del robo porque esta argentina de 30 años ha sentado en elbanquillo por primera vez en la historia de su país al hombre que,prácticamente recién nacida, la arrancó de su madre y a la pareja quela recibió y la crió.
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Hasta llegar a este punto Sampallo ha tenido queluchar, literalmente desde niña, para conocer la verdad. Unadeterminación que surgió un día de 1986 cuando el matrimonio formadopor Osvaldo Rivas y Cristina Gómez Pinto envió a su hija de ocho años auna psicóloga para darle una noticia: en realidad era una niña adoptaday sus verdaderos padres habían muerto en un accidente. La chiquillacomenzó a preguntar insistentemente por detalles sobre sus padresbiológicos y un año después Rivas y Gómez Pinto accedieron a revelarque su madre había sido una empleada doméstica.
La curiosidad infantil no se detuvo y la versióncambió ligeramente para convertir a la niña en hija de una azafataeuropea. Finalmente y varios años después explicaron, ya no a una niñasino a una adolescente, que había sido abandonada en la puerta delhospital Militar de Buenos Aires y recogida por un amigo de la familia,el capitán Enrique Berthier, quien se la había entregado.
Pero, como dice un proverbio judío, "con unamentira suele irse muy lejos, pero sin esperanzas de volver". Elmatrimonio no soportó la tensión y se separó apenas dos años después detratar de engañar a la niña. Y un día, cuando ésta volvió a casa, lamadre, Cristina Gómez, con quien se había quedado, le anunció que "unasviejas" la querían separar de ella. Se trataba de las Abuelas de Plazade Mayo, quienes buscaban a los niños nacidos en los centros de torturade la dictadura militar cuyas madres habían sido asesinadas. Pero unaprueba de sangre realizada para averiguar si ella era uno de estoscasos dio resultado negativo.
Sin embargo, ya no había vuelta atrás y estabaclaro que un grave engaño flotaba en el aire. El ambiente se volvióirrespirable y Cristina Gómez le hacía constantes reproches a la chica."Me decía que yo no era agradecida con ellos por lo que habían hechopor mí y que si no fuera por ellos yo estaría tirada en una zanja",declaró Sampallo ante el tribunal. Cuando cumplió 19 años se marchó decasa sin llevarse ningún recuerdo de la vida que había tenido con losque se proclamaron sus padres adoptivos.
Sampallo, que todavía desconocía que se llamabaasí, volvió a someterse a análisis en 2000. La Comisión Nacional por elDerecho a la Identidad (Conadi) realiza campañas todavía hoy, anima acualquiera que tenga dudas a realizarse las pruebas y a todos aquellosque tengan un familiar desaparecido a donar muestras de ADN parafacilitar las identificaciones.
La prueba fue un éxito y por primera vez desdeque era niña María Eugenia supo una verdad sobre su origen. En realidades la hija de Leonardo Sampallo y Mirta Barragán. Ambos fueronsecuestrados, ella embarazada de seis meses. El resto de la historia loconocía demasiado bien.
Estela de Carlotto, presidenta de Abuelas dePlaza de Mayo, ha revelado un detalle que la impresionó. Fue la primeravez que María Eugenia se encontró con su verdadera abuela. Aquellamujer ya adulta se sentó en las rodillas de la anciana, un gesto que lehabía sido negado a la niña que venció las mentiras.
hola eugenia te quiero sos lo mas y la copnoses a mar la que trabaja con vos sabes lo que diced mi prica que es la hermana porque dice que son re iguales pero yo le dijo que no i ella me dice que si chau sos la mas del munda te quiero un monton y no voy a olvidar hasta quie sea vieja te mando78549699basos