Últimamente me encuentro obsesionada con el cambio.
El cambio que nadie quiere hacer.
Ejemplo 1: Un hombre de mediana edad se encuentraabrumado, tiene dos trabajos y una familia. El espacio laboral es cadavez más amplio y el acelere de lo cotidiano se traslada a sus espaciosde ocio. Las vacaciones resultan tan aceleradas como los díaslaborales. El espacio recreativo y de deseo no existe. Obviamente elprimer síntoma es de agotamiento. La primera búsqueda es la de uncomplejo vitamínico, la segunda la de una pastilla para dormir... latercera, no hay opción: termina en un chequeo médico con un pico deestrés, palpitaciones y síntomas acordes. Luego de constatar que no leva a agarrar un infarto en la primera de cambio la conclusión resultaser el destino: en su familia ya hay una rama de integrantes que hansufrido estrés y la tan temida depresión, también hay un suicidio.
Dentro de las opciones que el individuo elige estáhacerse unos masajes descontracturantes, empezar el gimnasio y que Dioslo ayude. En dos meses se olvidará de todo y la rueda comenzará a girarnuevamente.
Ejemplo 2: Una mujer vive con diversos síntomas:palpitaciones, falta de sueño, irritaciones en la piel y alergias dediverso tipo, angustia. Según sus propias palabras su vida no tienesolución, seguirá viviendo con esos síntomas antes de revisar qué es loque hace que su organismo le avise que las cosas no andan bien.
Yasí miles de ejemplos. Las personas no quieren saber por qué no puedendormir: quieren algo que los haga dormir ya y ahora. La verdad resultaser el fantasma con el que nadie se quiere encontrar.
No quiero hacer una apología de que toda enfermedad tiene un proceso psicológico detrás... pero...
Pero últimamente me pregunto qué gen determina quehaya personas con un instinto de supervivencia mayor que otras. Quédetermina que personas prefieran seguir padeciendo sus vidas en vez deafrontar las crisis que les permitan el cambio y el dominio de lasmismas.
Qué determina que algunos nunca se saquen las anteojeras para ver otros ángulos, explorar otras posibilidades.
Soy una simple observadora de la vida, niprofesional ni psicóloga ni parecidos. La observación me lleva a laconclusión de que el padecimiento de muchas personas resulta un lugarno tan cómodo donde refugiarse, y nada pueden hacer para salir de esehoyo.
Muchos lo llamarán el camino espiritual perdido.Puede ser, hay opciones religiosas y/o espirituales que ayudan a muchaspersonas a encontrarse, aunque prefiero la versión de que en realidadestamos perdiendo el manejo de nuestras propias vidas, dejando todo enmanos del vivir, del destino, de la fortuna, y muchas veces de Dios yde la Patria, que en muchos casos "tienen la culpa" de todo.
El camino del cambio y la búsqueda del mismo es unrecorrido largo, doloroso, crítico. Muchas veces es imposible hacerlosolo, pero estoy segura que a más de mitad de la partida se empezarán anotar los beneficios.
Tal vez esté tan obsesionada con el cambio porque aún no puedo terminar con el mío...