Vueltas y más vueltas he dado. Llega abril y aún notengo resuelto nada. Las hojas que se caen lentamente, van desnudandoel alma, pero no así mi mirada, que aún no se anima a expresarse.
He pensado señor, que esta quietud en mis acciones, sedebe mayoritariamente a que su presencia me intimida. Será la falta depráctica que ha hecho de mi una mujer inoperante? Será la exigenciadiaria focalizada en otros asuntos la que me ha privado de los manejosen el arte del amor? Será el miedo a que mis palabras salgan de manerainapropiada?
Esta mujer segura de sí misma hoy no es más que un papel arrugado y naufragando por los charcos de las veredas.
Ya no tengo donde esconderme, ni donde esconderlo a usted.
Usted se aparece en todas partes sin permiso, missueños se encuentran inundados de su presencia, y apenas puedodisimular las horas de vigilia sin ver su rostro en mi mente.
Señor: he decidido parar ya con esta tortura agobiante,he decidido silenciar mi mente y mi corazón de este torbellino que nisiquiera tiene correspondencia. En un acuerdo tácito usted no seenterará nunca de que existo, de que lo miro o que lo deseo.
Mientras tanto yo elaboraré la muerte rápida e indolora de esta locura...
"Acaso una mirada me bastara,
mirarte y encontrar una palabra:
nada.
Tu nada con la mía entre las cosas,
decirse dos silencios infinitos,
juntar las bocas,
abrir los grifos,
que inunden nuestros hijos las alcobas.
Que el tiempo no dependa de las horas,
que sólo nos apuren los latidos,
quemar las ropas,
sudar tomillo,
desnudos comulgar con la escayola.
Perderse en una fiebre sin memoria
que nadie nos rescate del instinto,
romper parodias,
hacerse añicos,
residuos de una absurda ceremonia".
Luis Eduardo Aute - Acaso