
White and Greens in Blue - Mark Rothko
Mirópor la ventana. Las mismas tristes calles, opacas y polvorientas,sedientas de agua, con gente anónima que circulaba por las mismas.
Desdeese lugar, la vida se veía un poco gris. Como siempre, había variasbifurcaciones, luego de la ventana, el camino, luego del camino, elcampo, luego una montaña, luego una selva, luego lo que quisiera. Endefinitiva, fuera de su ventana, podía pintar el cuadro que quisiera.De eso exactamente se trataba. De seguir mirando o de salir y pintarlas calles de colores.
Cuandolo pensó, inmediatamente se le vino el azul a su cabeza, y no porquelos ojos de su alma fueran de ese color. Es que el azul une el cielocon el mar.
Cuandola calle estuvo finalmente pintada de ese color, se vistió como casisiempre lo hacía: ropa confortable, pantalones amplios, camiseta dealgodón y zapatillas. Su cabello quedó peinado al viento, y salió.
Caminarpor calles azules es toda una experiencia, aunque hubiese sido muchomejor si se pudiera colorear el resto de las caras tristes que pasabana su alrededor.
Poralgún capricho del destino, no todas las calles estaban de ese color.Otras habían quedado grises. Hizo el recorrido del azul, dobló, siguióderecho, volvió a doblar y llegó.
Ellugar aún no estaba terminado. Lo sintió luminoso, no era un túnel,pero sí un reflejo desde algún lugar. Sería algún otro satéliteparecido a la luna? De pronto sobre sus pies sintió el suelo mullido,como si todo fuera acolchado. El aroma era indescriptible, chocolate,café, tabaco, sándalo, especias de oriente. Tras pasar varias cortinasde cuentas de colores, por fin lo vio. Estaba parado, firme y segurofrente a ella. No se conocían, pero por alguna razón las palabrassobraron y se fundieron en un abrazo eterno. Luego de sentir su corazónlatir contra su pecho el tiempo volvió despiadadamente hacia atrás.
Ella seguía en la ventana, las calles estaban polvorientas, su atuendo no era el adecuado....
No lopensó más, se arregló y salió, deambuló por las calles con una sonrisaen su cara. No encontró calles azules ni abrazos, eso llegaría otro día.

Blue Town Gabriele Ritter G.
perro1970, azul, relatos, personal, caminos
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