
Hoy divagaba sobre nuestro dilema en casa, nuestra pareja, trabajos y tareas.
Alleer la nota sobre las mujeres en otros puntos cardinales pensaba en lasituación de privilegio en la que nos encontramos, gracias a muchasmujeres precursoras que nos allanaron el camino.
Lasmujeres de Gaza no tienen la misma suerte, o sí si escuchamos eldiscurso que tienen. Han conseguido muchos avances: hoy pueden estudiaruna carrera, ocupar un cargo de diputadas, aún no pueden elegir unmarido por ejemplo.
Ya sé: quién no conoce a alguna mujer occidental que viva como si no pudiese elegir marido?
Perohablemos en serio, lo bueno es que tienen como una terna de candidatosentre los que pueden elegir. Lo bueno también es que las mujeres quellegan al poder, o que pudieran tener poder para cambiar en algo lascosas, no tienen el más mínimo interés, ni siquiera les interesapregonar para poder sacarse los kilos de ropa que llevan encima enpleno verano.
Obviamente,como estamos de este lado, la insistencia nuestra de querer hacer quecambien de opinión son incesantes, veamos parte de lo publicado en LaNación bajo el título Las mujeres de Gaza libran su propia batalla.
-Pero ¿considera usted que existe aquí un trato justo para las mujeres?
-Son las formas a las que nos obliganuestra religión, pero no se la imponemos a nadie. Cada uno elige lasuya. Y la mejor muestra de eso es usted misma, que anda dando vueltascomo quiere sin que nadie le diga nada.
-¿Es necesario todo esto? No digo un bikini, sino algo un poco más aliviado. ¿No podría ser?
-Yo voy a la playa así vestida, y teaseguro que lo disfruto. Soy musulmana; el Corán dice que no puedomostrar el cuerpo, y yo lo acato feliz. Me gustaría que lo entendieras,dice la diputada Jameela al-Shanti
De 50 años, vivaz a inteligente, Jameelaasegura que hay recursos. "A veces, nos vamos un grupo de mujeres a unaplaya más apartada, ponemos una cerca de lona y nos bañamos. Puedesvenir un día, pero ni se te ocurra traer tu ropa occidental porque esoy estar desnuda es lo mismo. Aquí te prestaremos, en todo caso, unacamisa y un pantalón", concede.
La estadística dice que más del 50% de lasinscripciones universitarias son de mujeres. Pero el índice baja enpicada a la hora de seguir, efectivamente, la carrera elegida. "Elproblema es conseguir un buen trabajo. Si una mujer consigue uno, nadiele dirá que no. Pero lo que dice el Corán es que la sagrada misión deuna mujer es tener una casa y criar a los hijos, porque ellos son losfuturos luchadores contra Israel", explicó.
De 23 años, con cuatro años en ingenieríay una súbita vocación por el periodismo, Warda al-Ankr es productora ymovilera de Al-Aksa, el nuevo canal de televisión abierta que seidentifica con Hamas. Y cumple su función con el velo blanco y sutúnica oscura.
"He descubierto que el periodismo es unaforma de hacer llegar nuestro mensaje, de resistir", dice orgullosa. Ysonríe con la rara satisfacción de quien cree haber encontrado sucamino.
Latierra donde se las considera formadoras de la “nueva generación deluchadores”, pero donde –a diferencia de los hombres– no recibenentrenamiento militar alguno, porque “su realidad como palestinas es,de por sí, toda una escuela”, según sostienen las que llegan al poder.Y no están dispuestas a cambiar en nada esa historia.
Cuesta entenderlo desde aquí, pero no es nuestra lucha, ya tienen suposición bien tomada y cada vez que de afuera se meten dejan bien enclaro que así son las cosas, lo tienen asimilado, falta que loentendamos nosotros.
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