
Mientras la rutina hace su trabajo y tiñe todo de ese color que andaentre el pastel y el salmón, algún chispazo interno nos dice quetenemos que cambiar el rumbo, por lo menos el rumbo de la siguientemedia hora, o un poco más.

Primera opción: jornada dedicada al paracaidismo. La oportunidad queestaba esperando se esfumó tan rápido como duró la llamada telefónicaen la cual me dijeron el precio de tirarse maniatada a un instructordesde los cielos.
Segunda opción: en un acto desesperado por no parecerme a Moby Dicken la playa, busco alguna otra actividad física distinta de la quehago, el objetivo es doble: divertirme (¿?) y ponerme en forma.
Empiezo a recorrer las ofertas disponibles en la materia, más de lomismo, (bici de interior, yoga, pilates, aero local, aero box, aeroetc, artes marciales, inflarse levantando peso, salsa, baile delvientre) hasta que encuentro un grupo de aprendizaje para correr.
Empezar a trotar a fines de octubre es toda una experiencia en dondepueden ocurrir algunas variables, pero otras cuestiones son muy fijas,a saber:
El descoloque con el resto del grupete es notorio. Mientras losdemás corren como gacelas, (porque lo hicieron durante todo el año yademás fueron a lugares exóticos como Talampaya a correr duatlones) unoen la primer vuelta irremediablemente se pone de color camarón, emitesonidos extraños, (como de quien necesita ya un tubo de oxígeno)mientras acallamos a nuestra mente que dice "quiero parar ya de haceresto".
Mientras tanto, para escapar al propio boicot del alma, trato de concentrarme en el recorrido y su paisaje.
A la una de la tarde la plaza del barrio puede ser un lugar extraño y totalmente multifacético.
Autos con vidrios polarizados esconden parejas que tratan de charlarsobre algún acontecimiento personal. Otras parejas más abiertas, sedesparraman sobre los bancos a hacerse algo parecido a la resucitacióncardio pulmonar.
Algún desubicado y caminante ocasional, dice alguna cuestiónrelacionada con seguirme corriendo a otro lado... me dan ganas dehacerle algún gesto obsceno pero las piernas no me dan para correr másrápido si reacciona.
Otra vez mi corazoncito esforzado me llama la atención. Focalicemosentonces en los beneficios físicos: a la tarde voy a estar tanreventada que no me van a dar las piernas ni para atender detrás delmostrador. No, eso no era.
Recuerdo que una amiga me habló una vez de la zanahoria: ese objetoanimado que va delante nuestro para incentivar el tranco. Justo delantede mí va el novio flamante de esa misma amiga. Zanahoria descartada(además ni con Fangio XXI lo alcanzo).
Faltan dos vueltas, ya ni el comentario del profesor de que no parezco de 37 me anima.
Entre tanto divague se pasa la hora entre bocanadas de aire y llamados al pensamiento positivo.
Bien, hasta la próxima clase.
perro1970, correr, trotar, gimnasia, divagaciones, plaza, personal
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