
Woman Reclining on a Sofa Helen J. Vaughn
Helenaestaba obsesionada. Me lo dijo apenas se sentó frente a mí. Hacíavarios meses que me pedía por favor, como con un grito desesperado, que la escuchara y yo la venía esquivando. Le hice todas lasexplicaciones pertinentes, que ya no escribía, que lo que escribía nolo leía nadie, que en definitiva me servía para mi propia descarga, yno sé si ella alcanzaría a ver algún resultado de catarsis en todoesto. Que como terapeuta de amores imposibles, olvidados y deshechosya estaba retirada, que no tiraba más las runas de madera, menos lascartas del tarot, que ya no escuchaba las melodías de los relatos queme iban haciendo, que había olvidado cómo se calculaban los períodos enuna carta natal china. Que mis percepciones estaban todas extraviadas,pero a Helena eso no le importó. Insistía e insistía con que yo podríaayudarla de alguna manera a sentirse mejor.
Así fue como se sentó frente a mí una tarde lluviosa. Los ventanales abiertos permitían sentir el sabor amargo del pasto mojado.
Sucuerpo se veía más robusto de lo que yo recordaba, es que a fines demantenerme inútilmente a salvo, nuestras comunicaciones no habían sidopersonales. De pronto toda la fragilidad que ella me transmitía pormedio de los mails y las llamadas telefónicas, se evaporó cuando ví sucontextura física. Su cara no acusaba su edad, su cuerpo estabafortalecido y trabajado. Los únicos signos de cansancio eran sus ojosopacos y sus hombros caídos. Tal vez algo de tristeza en su cara yalgunas ojeras completaban el panorama.
Su vozera clara, su vocabulario amplio, su risa nerviosa interrumpía de vezen cuando el relato entre dramático y tragicómico. Todo se trataba deamores.
Antesde la cita busqué el significado de Helena en alguno de esos libritosen donde se escogen los nombres para bebes. La resplandeciente. Bueno,la antorcha estaba apagada en estos momentos.
Hacíaaños que estaba sola, más de lo que la gente que estaba a su alrededorsuponía. El amor llegaba a ella solo en formatos de cine y de melodías,algún que otro libro -aunque los menos- las lecturas románticas noeran lo de ella. Mujer acostumbrada a los relatos de actualidad,deformados pero actuales.
Todocomenzó luego de su cumpleaños número cuarenta. Hacía mucho tiempo queno se enamoraba, de hecho unos veinte años. Cuando pasa tanto tiempouno supone que eso no va a volver a ocurrir nunca. Rosas en el mar dijoAute:
“Voy buscando un amor
Que quiera comprender
La alegría y el dolor,
La ira y el placer.
Un bello amor sin un final
Que olvide para perdonar...
Es más fácil encontrar
Rosas en el mar”.
Flores en el mar, Drexler . . . . . . . .
“En el borde de tus aguas
hay un murmullo de sal,
son aladas tus espumas
es salado tu cantar,
hay flores en el mar”.
Qué importa ya el inicio, era más o menos como todos. Llenos de promesas y de ilusiones, de proyectos.
Físicamente,el hombre en cuestión, era todo lo contrario a Helena, delgado,pequeño, cada músculo de su cuerpo marcaba histeria contenida. Sus ojostenían largos destellos de tristeza y el mar se reflejaba en ellos. Tal vez el primer obstáculo que encontraron fue lo opuesto de susmundos, sus ingresos y sus costumbres. Pero eso se solucionó con un “elamor no entiende de esas cosas”. Ella repitió durante meses sufilosofía de que habiendo encontrado el amor ya no había más quebuscar, el amor era la fuerza poderosa que hacia sonreír hasta al másdescreído, hacia a la felicidad, a los momentos compartidos y a superarcualquier dificultad que se interpusiera en el camino. Tenía tanta fede que con eso fuese suficiente que no tuvo reparos, nose puso protección, ni rodilleras, ni casco, no llevo paraguas, ni sepuso cinturón de seguridad. Se lanzo a la pileta sin mirar si habíaagua o si esta estaba podrida.
Bueno,no se puede decir que no fuera una mujer arriesgada. Estaba tanempecinada en repetir a los cuatro vientos que el amor a los cuarentaes mágico que no alcanzo a ver la realidad.
“Fui a tus playas por el día
y allí me quedé dos años.
Fui lamiendo tus heridas,
fuiste dándome un remanso”.
730 días – Jorge Drexler
Laverdad es que fueron 730 días dividido dos, y el “fuiste dándome unremanso” fue “fui dándote un remanso mientras lamia tus heridas”.
De lamitad de los 730 días, la primera etapa Helena fue feliz. Sumamenteentusiasmada con la magia y la novedad de creerse querida. Errores yausencias? Pues sí que los había, pero estaban en etapa de puliralgunas cuestiones. La segunda mitad vivió en carne propia el despreciode un hombre de la manera más cruel que una mujer puede vivirlo:perdonándolo tantas veces como le fuera posible, suplicando,implorando, haciendo entrar en razones, acunando al hombre como sifuera su hijo, desprotegiéndose sin darse cuenta, entregando toda suenergía y ayuda sin pedir nada a cambio.
El relato me hizo acordar al libro Mujeres que aman demasiado,“ella está dispuesta a aceptar mucho más del cincuenta por ciento de laresponsabilidad, la culpa y los reproches”, “está mucho más encontacto con su sueño” que con la realidad de la relación , y un sinfínde listados de situaciones erráticas en donde la mujer siempre terminaperdiendo: hombres casados, niños hombres, hombres huérfanos de amor,hombres imposibilitados afectivamente, hombres sin viagra para elcorazón, egoístas, desconsiderados, etc., ninguna cualidad que nopudiese tener una mujer, por que no.
Mientrasla escuchaba atentamente, su celular sonó con un mensaje de texto.Sonrió tristemente al leerlo. Helena: “te amo hoy, te amare mañana y elmes que viene. Lamento haber lastimado a la mujer que amo”. … tantasveces pensé yo.
Luegode dos horas de escucharla no dude en tirarle las cartas. Y bueno….Siempre fui un poco gitana, adivina, intuitiva y mentirosita, pero elfin justificaba los medios.
Le dijepor su propio bien que hoy si seguía con esa relación no podría verpara otro lado, que en ese otro lado estaba el verdadero amor de suvida, la cosecha tan esperada. . . . y otros condimentos que mesurgieron espontáneamente …. de la lectura de las cartas.
Obviamente que no ocurriría ni en una semana ni en dos, tal vez un año…. En fin.
Así fue como Helena se retiró con un atisbo de esperanza, y un par de tareas para hacer.
Yo, nolo niego, me quedé con el sabor amargo de quien le da un caramelo a unchico para que deje de llorar cinco minutos. De pronto una música llegoa mis oídos, y me dije, guau, es el tema que este señor tendría queestar cantando en este mismo instante y como un perro.
“….De pronto me vi,
Como un perro de nadie,
Ladrando, a las puertas del cielo.
Me dejó un neceser con agravios,
La miel en los labios
Y escarcha en el pelo.
Tenían razón
Mis amantes
En eso de que, antes,
El malo era yo,
Con una excepción:
Esta vez,
Yo quería quererla querer
Y ella no.
Así que se fue,
Me dejó el corazón
En los huesos
Y yo de rodillas.
Desde el taxi,
Y, haciendo un exceso,
Me tiró dos besos...
Uno por mejilla.
Y regresé
A la maldición
Del cajón sin su ropa,
A la perdición
De los bares de copas,
A las cenicientas
De saldo y esquina,
Y, por esas ventas
Del fino Laína,
Pagando las cuentas
De gente sin alma
Que pierde la calma
Con la cocaína,
Volviéndome loco,
Derrochando
La bolsa y la vida
La fui, poco a poco,
Dando por perdida”.
19 días y quinientas noches – Joaquín Sabina - Fragmento
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