
Puerta de la Vida - Artista: Mary Schaefer
Latarde de verano acariciaba las hojas verdes de los árboles pero noalcanzaban a evaporar las lágrimas de ella. Hizo varias cuadrascaminando. Si alguien la vio ella no se percató.
Pasabacaminando todas las tardes por esa avenida, ella era consciente de quetenía una lista interesante de seguidores que admiraban su paso, susrulos al viento y la carne firme de la juventud. Pero ese no era el díapara andar notándose bella.
Ese díase deslizaba por la acera de manera monótona, un paso tras otro sinsaber adonde iría a parar. Sus veinte años le pesaban y de pronto sesentía mayor para tanto sufrimiento.
Alcruzar la calle vio una escalinata, y por alguno de esos impulsos rarosde la vida se decidió a escalar cada peldaño como si en eso se le fuerala vida.
Elcampanario daba las ocho. Empujó la puerta grande de madera y entró ala iglesia. El aire fresco del lugar la hizo estremecer. Cuando seacostumbró a la oscuridad del lugar, pudo divisar algunos fielessentados en los últimos bancos de madera. Una señora de edad avanzadarepartía algunas hojas entre los bancos, otra no mucho más jovenprendía algunas velas.
Serecordó a sí misma tan solo unos pocos años atrás, con uniforme escolary leyendo algún salmo en la capilla del colegio. De pasada por losrecuerdos, también se le vino a la mente la foto del grupo de egresadosdonde no le permitieron estar porque estaba un poco embarazada.
Mirópara el costado y divisó el confesionario. Llegó hasta allí y searrodilló del otro lado del cuchitril. Tuvo que pensar unos minutoscómo era la introducción de la confesión, casi ni se acordaba. Puteó yse preguntó si había que decirlo sí o sí para confesarse.
-Padre, no me acuerdo lo que hay que decir. Hace mucho tiempo que no me confieso.
"No se por qué pecado empezar", pensó luego.
El cura masculló algo del otro lado y ella largó una catarata de lágrimas. Apenas si podía hablar del otro lado de su angustia.
-Padre,tengo una hija de tres años, y estoy casada. Pero soy muy infeliz, yano puedo más, estoy con un hombre que no amo, dígame que hago, estoydesesperada...
-Hija,el sacramento del matrimonio es algo sagrado. Tu sabes que hay momentosen que Dios nos pone a prueba -porque nos ama, claro, por qué iba aser?-, y de ti depende superarlas. Reza veinticinco padres nuestros ydieciocho aves maría, encontrarás el camino rezando.

Carmelita - Artista: Mary Schaefer
Alsalir del confesionario, se arrodilló en el último banco y empezó:"Padre nuestro...", tal vez rezara dos o tres, la cosa es que un sinfínde pensamientos se le cruzaban por la cabeza. Miró hacia adelante y sesintió culpable, egoísta, carente de voluntad. Pensó en sus virtudes,en su soledad, en la adolescencia que había terminado demasiado pronto,en el muchacho desconocido que dormía junto a ella todas las noches, enlos sueños que habían quedado colgados en el cordel de la ropa, en lodifícil que es hacerse cargo antes de tiempo.
Y esa fue la primera vez que pensó en tomar una decisión sin retorno.
La decisión fue sencilla, "Hija: se fiel a ti misma".
Ay! Si tan solo pudiese hablar con ella y decirle que todo va a estar bien!
perro1970, relatos, mujer, iglesia, plegaria, decision
perro1970, relatos, mujer, iglesia, plegaria, decision