En varias oportunidades de mi vida he dejado dilatar cosas, a veceses bueno dejar pasar el tiempo, releer, rever, revisar. En este caso loque transcribo a continuación tiene varios días. Nunca quise hacer demi blog una cuestión demasiado personal, por eso no fotos, pocosdetalles, sin nombres. Pero aún así no puedo renegar de lo que soy, ylo que sigue es parte de lo que soy.
Este traspié es en realidad una miradita por sobre el hombro, y por ahí, de paso a alguien le sirve, nada más.
Viernes:
Hoy hice una confesión. Me confesé ante mis propios hijos luego devarios años. No es que tuviese algo que ocultar, es que hay cosas queuno no quiere andar repitiendo al viento todo el tiempo, no sea cosa deque este se de vuelta...
Lo hice con una sonrisa y con carcajadas mediante, como es miestilo. Nada de dramatizar, nada de llantos, nada de penurias. Penososfueron los años de mi infancia, de los que ellos tuvieron hoy másdetalles de los que hubiesen querido oír.
Mientras mi cara sonreía, les relataba con algunos detalles como esser hijo de la psicosis, cómo es tener una madre que padece esaenfermedad o alguna parecida, y encima que pasen años hasta su correctodiagnóstico y medicación.
El punto fuerte de la enfermedad es precisamente cuando todavía noestá diagnosticada, cuando los síntomas se esparcen por la casa comomoscas en verano.
El punto fuerte se siente cuando uno es chico, está solo y no tienenoción del tiempo. Todavía hoy me asombra no poder describir losacontecimientos acompañándolos de días, horas o meses. Para mí sontodos sucesos, como pinceladas de acuarela que se van desdibujando porla humedad.
Noches sin dormir, penando por estados de violencia que lo rompíantodo. He aprendido a reírme a carcajadas mientras relato que hapeligrado mi vida al tener mi cara tapada por mi propia madre para queno respire, he esbozado una sonrisa al relatar que la violencia físicaha llegado al extremo de ir herida al colegio, he hecho tristes muecasmientras contaba que me escondía bajo la almohada para no escuchar losgritos o que iba corriendo al fondo del patio y me acurrucaba junto alparedón para no oir o sentir la vibración angustiante de la locura.
Creo que fue largo el tiempo -repito mi imposibilidad de podermedirlo- en el que yo actuaba según consignas y con cábalas: si poníalos cubiertos en tal orden ese día no habría crisis, si me acostabamirando para la derecha esa noche la podría dormir entera, si contabahasta tantos números mi madre no me pegaría, si hacía las cosas lomejor posible a lo mejor no llegaría ningún brote.
Risas, sonrisas y carcajadas taparon lo que fue una infanciaultrajada por lo imprevisto, días enteros estuve convenciéndome de quesi era capaz de sobrevivir a esto sobreviviría a cualquier situaciónque se me presentara. En definitiva no había estado en un campo deconcentración, no había sido abusada sexualmente, no era ciega nicuadripléjica, no había perdido a toda mi familia en un incendio, endefinitiva me sentía con suerte: sólo había tenido a una madrepsicótica y todavía estaba viva para contarlo.
Mientras miraba las caras de mis hijos me di cuenta de que era unpoco más serio, como cuando tuve la gran crisis de los treinta, esemomento en donde todo se me vino abajo y el discurso de haber cruzadoel charco ya no me servía.
Hoy me confesé, y les puedo asegurar que esta confesión no tuvo lágrimas externas, las heridas vienen todas por dentro.
Este espacio nació en marzo del 2007, y se ha ido transformando bastante, imposible decirles hacia dónde me dirijo! Soy mujer. Nunca estaré segura de si nací perro o me convertí en él, pero todo se transforma. Espero dejen huellas en mi blog