La enceradora ha pasado por las femmes de mi familia casi como unobjeto de culto. Pisos graníticos exigían la aplicación de alguna cerasemi líquida y luego el paseo de la enceradora, que iba dejando estelasde brillo por donde se la pasase. Cuánto más espesa la cera más sedistinguía el paso de la misma.
Creo que la primera que tuve era un objeto bastante psicodélico que contaba con luces delanteras, casi como un Alfa Romeo.
Encerar es una de esas cosas compulsivas que cuanto más se hacen, más seguido se quiere repetir -como el sexo, vió-.
La perfección del piso brilloso requiere mirarlo desde diversosángulos, a trasluz, con la ventana levantada y otros artilugios más.

Digamos que con el transcurrir de los años, ya es un hábito más quese incorpora a la rutina diaria, y encenderla se convierte en un actobastante mecánico, -como el sexo vió-.
Digamos que estuve años con ese objeto adosado a mi mano, ya era unaextensión más de mi cuerpo, y si bien mi vieja enceradora se habíatransformado en otra sin luces pero más moderna, tenía dos sentimientosdispares respecto a ella: uno era que no podía prescindir de su uso, yotro es que enchufarla ya me resultaba tedioso y aburrido, es más, meestaba quitando tiempo precioso para otras actividades. (Ustedesasociarán libremente esta situación)
Como sucede con muchas cosas en esta vida, alguna fuerza extraña seapiada de nosotros y toma las decisiones que por alguna extraña razónno podemos tomar.
Casi al mismo tiempo que mi amiga "era separada" por su marido, yo fui abandonada por mi enceradora.
Caput! Varios desperfectos la pusieron fuera de circulación y en elservice. La verdad es que los primeros días se la extrañaba, aunque nomucho.
Luego con el transcurrir de las semanas y habiendo omitido lallamada para conocer el veredicto del estado del artefacto, ya me habíaolvidado de la existencia de la misma.
Mis pisos relucían igualmente, ya sin esos surcos de brillo, perocon el orgullo de estar igualmente relucientes de una manera propia.
Hoy sólo tengo el recuerdo de que hubo una enceradora en mi vida, nada más.

1950 Floor Machine
perro1970, enceradora, limpiar, deshacerse, rutina
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