Hoy a la mañana llegué a un punto -página 299 de Memorias de Africade Karen Dinesen- en donde la autora se plantea la cuestión de lasseñales.
Según ella para pedir una señal es necesario estar en un determinadoestado de espíritu, lograda esta osadía no puede fallar la respuesta,la cual se produce como consecuencia natural de una petición.
Para una protagonista que vive en Africa las señales pueden venir delas más disparatadas maneras. En este caso fue por medio de una riñaentre un gallo blanco de Fathima y un camaleón. El gallo le arranca lalengua al camaleón. En medio de semejante espectáculo, Karen aleja algallo y decide terminar la vida del camaleón con un piedrazo. Estaejecución alivió al animal de una muerte lenta y dolorosa.
Obviando el significado de esta señal en particular, creo que eneste siglo, y en otros continentes las señales suelen venir más lentasy menos elaboradas. Normalmente es muy posible que nuestro estadoespiritual esté lo suficientemente alterado como para no reconocer lasseñales -si apenas si podemos darnos cuenta de que el semáforo está enrojo-, y una vez que vienen las desoímos o interpretamos cualquier cosa.
Luego de haber leído el episodio, salí a la calle como todos losdías. Una vez más la vereda acolchada de hojas amarillas me trajo unasensación agridulce. A media mañana yo ya estaba traduciendo lasseñales de otra persona y motivándola a que cambie su destino de lasemana en base a mi subjetiva interpretación de las mismas: éstas ibandesde el brote cuasi psicótico de su ex pareja hasta la intensa neblinaque por estos días afecta las rutas de la zona.
Obviamente de mis señales ni noticias. Realmente había pedido una señal?
Luego realizar mi clase de trote y quedar con los poros biendilatados, llegó la frase que se convertiría en mi señal personal de lajornada: Las mujeres hacen de cualquier cosa un mundo. Palabras más, palabras menos.
De más está aclarar la procedencia masculina de la frase. Perodejando a un lado el cuestionamiento o la diferencia de géneros, mecalcé la acotación como si fuese un guante, y empecé a destejer sinpaciencia, la trama -el mundo- que estaba construyendo desde hacía unosdías.
El tejido se deshizo fácilmente, como un castillo de arena que sederrumba con el accionar de una ola. De pronto, cuando la partelapidaria de la frase dejó de surtir efecto, sentí alivio y tambiénpérdida.
Y sí, ese pequeño mundo que nos inventamos las mujeres, que armamosy desarmamos lleno de pequeñas minucias y detalles de la vida diaria,muchas veces nos sostienen y muchas otras nos estorban.
En realidad este post es para confirmar que algunas mujeres sí que hacemos un mundo de cualquier cosa.
“Especialmente en abril la razón se indisciplina y como una serpentina se enmaraña por ahí”. JMS
perro1970, mujeres, mundo, fantasias, señales, signos, relatos
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