
Allan Banks - Hannah
“La mejor parte no está por llegar, es la que estás viviendo ahora”.
Frase terrible no? Porque indica que no hay que esperar nada sino hacer.
Paré en esta frase de uno de los tantos libros que tengo empezados y me senté a escribir.
Que
cómo se llama el libro? Proyecto felicidad, y no me da vergüenza
decirlo, estoy empecinada en que mi vida de ahora en más circule por
caminos que solo digan mi nombre, y probablemente no voy a ser feliz
todo el tiempo, pero ya aposté todo a uno a que va a ser mucho más
interesante que los cuarenta años que tengo por detrás.
Que no escribo más seguido porque en mi vida no pasa nada?
Nada
más lejos de la realidad, en mi vida pasa de todo, y el de todo que
pasa es a todo o nada. No grises, no chicha y limonada juntos, no un
poco de cada cosa. Cada tantos años me agarra la chiripiorca y tomo
alguna decisión que me da tanto miedo que siento que me estoy tirando de
un precipicio.
Seguramente para otros no es tan importante. No es
que vendí todo y me voy a la India a hacerme budista, o que decidí
hacer una protesta nudista en la plaza principal.
Pero una de las
cosas que he aprendido es que para lo que uno es muy fácil para otro es
muy difícil y viceversa. Y nadie puede medir con una vara qué situación
es fácil o difícil. Yo puedo decir que es lo difícil para mí, el miedo
que me produce y el millón de cosas que hago para espantar esos miedos y
seguir adelante.
Si vamos al caso la primera vez que hice un
viaje en ruta fue de unos cincuenta kilómetros y estaba aterrada de que
me sucediera algo.
A veces cometo el error de querer traspasar mis
experiencias a otra persona, transformándome en una maestra ciruela con
el manual de mi propia vida como libreto. Y con mucho -pero mucho-
esfuerzo cada vez trato de escuchar más y sugerir menos. Aunque a decir
verdad yo soy una de las personas que les gusta escuchar qué les
funciona a otras.
Pero volvamos …
Mi primer fin de semana de
desocupada laboral, lejos de estar lagrimeando por haber vendido el
negocio en el que estuve presa los últimos trece años por voluntad
propia, me dediqué a ordenar mi biblioteca musical.
La situación
tragicómica llego el sábado a la tarde, cuando mi hijo me sugirió que
pusiera el equipo de música en mi pieza, para hacer como hacen las
mujeres en las películas: escuchan basura romántica y se acuestan a
llorar. Me imaginé la escena donde también toman helado o comen
chocolate mientras lloran y se atragantan.
Estoicamente le dije
que yo no hacia eso… aunque la realidad es que hacia veinte minutos que
había dejado de hacerlo, y no sé si se dio cuenta pero yo todavía tenía
la cara hinchada.
Pero por qué lloraba?
Hay llantos y
llantos según mi visión. Hay llantos que son tan desconsolados que nos
agarra hipo a los cinco minutos y gritamos en medio de las lágrimas.
Otros llantos no sabemos de dónde vienen, casi no hacemos ruido, las
lagrimas se deslizan tranquilas por las mejillas, pero un nudo en alguna
parte de nuestro pecho nos dice que estamos angustiados.
Mi
llanto del sábado fue distinto, eran lágrimas dulces. Existe tal cosa?
Pues parece que si, a medida que las lagrimas se caían sentía un
vaciamiento divino desde algún lugar de mi alma.
Yo estaba
cesante, desocupada, con un proyecto es cierto y algo de dinero para
vivir un rato sin producir, con la incertidumbre de si todo va a salir
bien o mal pero sin un sponsor monetario –traducción: marido o similar
que si una mujer está sin trabajo la banque a una-.
Y yo lloraba
por eso? No, yo lloraba porque la música pegatinosa me estaba taladrando
el cerebro. La cosa romántica de vivir de a dos, salía de cuanta
melodía procesaba el maldito aparato musical y me recordaba una vez más
que yo era una simple mortal enamoradiza en un periodo de abstinencia
romántica.
L’amour y la mar en coche.
Pero todo llega, y no
va a ser mañana de todas maneras, ya es hoy, en este instante, en que
hice de unos minutos para escribir y ser yo.
Moraleja? Claro si, la moraleja viene a ser algo asi:
Haz recorrido un largo camino mujer.

Raphael Soyer - Blond Figure
Es necesario darle a los finales unas vacaciones?
O mejor dejarlas para los comienzos?
Tal vez al medio es donde mejor sientan, lejos de duelos y excitaciones.
Mientras miraba por la ventana el cielo que no iba a recorrer,
dejé que los últimos rayos de agosto acariciaran mi piel.
Me sobresaltó un murmullo alado, etéreo y familiar
que vino a mi encuentro
y me susurró que buscara mi norte en la brújula de los sueños dormidos.
Y ese dia, el de la luna nueva de septiembre,
un suave viento mecería el globo
que me llevaría por el primer tramo de una vacación sin final.
Yo
perro1970, proyectando, vida, personal, felicidad, llanto, relatos
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