La
diversidad servida en el desayuno, justo al lado del jugo de naranja
artificial. La luz del día colándose por entre las persianas. Tu mano
que se extiende para agarrar el azúcar, y mis oídos que aun no habían
despertado a tus palabras. Es que acaso dijiste algo y no lo escuché?
Este dato no lo podré precisar.
Una
mañana normal digamos. De esas típicas que suceden luego de una
conversación nocturna profunda, en donde las palabras pinchan como miles
de agujas tratando de generar disparadores en el otro. Aunque si vamos
a especificar, técnicamente al hecho de que una sola persona hable
aunque sea con público se le llama monólogo, acá y en la China. Los
únicos disparadores que puede uno generar cuando la otra persona no
quiere escuchar son más bien –volvamos a los tecnicismos- disparos.
Usted elige de donde salen.
Pero
aquí estamos, desayunando en la cocina que se va tiñendo con los rayos
del sol, nadie ha muerto, tal vez algunos sentimientos estén heridos de
muerte, pero nada que se pueda reparar llamando al nine one one.
El
camión de la basura me distrajo de tales pensamientos disparatados y me
llevó a levantar la persiana, como quien busca un paisaje menos
desolador afuera en la calle.
Error.
La vereda con bosta de un cuadrúpedo anónimo, restos de una bolsa con
basura desparramada por descuido de los trabajadores de la empresa
recolectora; un siseo extraño, uniforme y molesto proveniente de la
cercanía con el parque industrial, y yo que dije BASTA.
El
basta sonó como un estruendo que acalló aún más todo. La desolación de
la cocina más la desolación del afuera me estaban matando. Tu cara de
indiferencia ante tanta contaminación no hizo más que terminar de
alterarme.
Nada en aquella cocina ni a cien metros a la redonda pugnaba para que mi alma se quedara.
Ubiqué
obedientemente, como si fuera una niña, mi cuerpo sobre la silla que
hasta hace unos minutos estaba ocupando, y le di alas al resto de mi
ser.
Control mental? Mantra? Meditación oriental? Qué más da: aficionada, como para todo.
Me fui por la ventana, dejando tus palabras, que nunca salieron de tu boca, ahogarse en la espuma del café con leche.
Mit und Gegen - Wassily Kandinsky
Este bálsamo no cura cicatrices,
Esta rumbita no sabe enamorar,
Este rosario de cuentas infelices
Calla más de lo que dice
Pero dice la verdad.
Este almacén de sábanas que no arden,
Este teléfono sin contestador,
La llamaré mañana, hoy se me hizo tarde,
Esta forma tan cobarde
De no decirnos que no.
Este contigo, este sin ti tan amargo,
Este reloj de arena del arenal,
Esta huelga de besos, este letargo,
Estos pantalones largos
Para el viejo Peter pan.
Esta cómoda sin braguitas de zara,
El tour del soho desde un rojo autobús,
Estos ojos que no miden ni comparan
Ni se olvidan de tu cara
Ni se acuerdan de tu cruz.
No abuses de mi inspiración,
No acuses a mi corazón
Tan maltrecho y ajado
Que está cerrado por derribo.
Por las arrugas de mi voz
Se filtra la desolación
De saber que estos son
Los últimos versos que te escribo,
Para decir condios a los dos nos sobran los motivos.
Esta paya tan lejos de su gitano,
Este penal del puerto sin vis a vis,
Esta guerra civil, este mano a mano,
Estos moros y cristianos,
Este muro de Berlín.
Este virus que no muere ni nos mata,
Esta amnesia en el cielo del paladar,
La limusina del polvo por Manhattan,
El invierno en mar del plata,
Los versos del capitán.
Este hacerse mayor sin delicadeza,
Esta espalda mojada de moscatel,
Este valle de fábricas de tristeza,
Esta espuma de certeza,
Esta colmena sin miel.
Este borrón de sangre y de tinta china,
Este baño sin rimmel ni nembutal,
Estos huesos que vuelven de la oficina,
Dentro de una gabardina
Con manchas de soledad.
No abuses de mi inspiración,
No acuses a mi corazón
Tan maltrecho y ajado
Que está cerrado por derribo.
Por las arrugas de mi voz
Se filtra la desolación
De saber que estos son
Los últimos versos que te escribo,
Para decir condios a los dos nos sobran los motivos.