Miércoles diez de la mañana. Esta mañana voy al psicólogo, puntual como siempre.
El licenciado y yo éramos dos entidades totalmenteseparadas, aunque cuando entraba en su consultorio él ya pasaba aformar parte de mi conciencia.
Esta impresión se debe en realidad a mi posición:acostada en el diván con su voz detrás. Así que una vez por semana miconciencia tenía voz de hombre.
Casi siempre esta voz era suave , pero en algunaoportunidad una chispa de tono irónico me haya hecho pensar que estabaexasperado: no es para menos, voy por la sesión número 336. Lento? Paranada, si recién empezamos!
Por las dudas, la semana anterior, el analista habíainvertido -con mis aportes- en un nuevo sillón, uno de esos de cueroecológico con un respaldo alto que se elevaba por encima de su espalda,sería para sostener todos los pensamientos absurdos de sus pacientes...
Otro miércoles. Esta vez estaba dispuesta a acelerarlas cosas. Y para acelerarlas nada mejor que practicar ... Continuar leyendo