No me gustan las joyas ni la bijouterie, imaginen un perro con uncollar o con alguna piedra encima. Mejor un collar de cuero -del buenoobvio-.
De modo que cuando mi amiga me regaló la cuerda de caucho y unamedalla con mis iniciales me pareció genial y totalmente acorde elregalo: básico, práctico y nada ostentoso.
Hace más de un año que la llevo encima sin quitármela ni de día ni de noche.
Mis iniciales no son nada del otro mundo, no son elegantes, nodenotan un nombre sofisticado, no insinúan nada complicado. Asociadascon otras letras podría incluso a llegar a formar una palabradenigrante.
Las letras deben de haber escuchado mis pensamientos, ya que de a una me fueron abandonando.
Primero una sola, como yendo a explorar el terreno. Mi amiga se diocuenta al verme que me faltaba la inicial del primer nombre -casi elmás presentable-, quedando solo la inicial del segundo... Continuar leyendo