Nunca supe el nombre de pila. Tengo esa maldita costumbre de nopresentarme y menos de preguntar a la otra persona cómo se llama. Creoque la gente que maneja estos mecanismos lo hace todo de una.
La cuestión es que llegamos a esa casa un sábado a la tarde con 38grados a la sombra. Ya iba preparada para la tierra y con ropa viejacomo me dijeron.
La señora me pareció mucho más elegante de lo que me la imaginaba.Estaba muy bien ataviada, con un delantal cubriendo su pantalón de finatela a cuadritos. Al mirarla tan espigada me imaginé que era imposiblellegar como ella a esa edad.
Entramos directo al galpón. Desde el patio delantero ya se podíandivisar muchos recortes de mármol diseminados por todas partes.Muchetas de mármol, mesitas de mármol, mármol de los más variadoscolores y tamaños sembrados fuera y dentro.
En cinco minutos ya sabíamos a quién le había vendido la mayor partedel mármol que quedaba desde la muerte de su marido y dónde lo habíanpuesto: fulano 70 metros en... Continuar leyendo