
En una de esas escapadas de mate y caminatas, llegamos con una amiga al faro Recalada.
La imagen que tenía del faro por dentro ya estaba casi borrada en el recuerdo.

Fue grato llegar y ver que podíamos subir, muchos escalonesmetálicos en forma de caracol, e innumerables ventanas nos iban guiandoen el ascenso.
Un paseo que podría resultar casi aburrido, para mí fue como unapequeña aventura, llegar a la cima, sentir el vaivén de la estructura yasomarse a la gloriosa vista que teníamos desde allí arriba: estábamosen el faro más alto de Sudamérica.
A la vuelta, paramos en el museo que se encuentra al pie, ydisfrutamos de la atención de uno de sus huéspedes, quien nos hizoviajar por ese mágico universo de los faros, sus estructuras y susubicaciones.
Para los que pregunten no conté los escalones, pero algunos dicen que tiene 331, otros 293.
Los datos de la ... Continuar leyendo