Si prestaron atención, los protagonistas masculinos de las películasrománticas no se convierten en sapo nunca: antes que convertirse ensapo mueren.
Moraleja: lo bueno dura poco.
El hombre de la vida real vive convirtiéndose en sapo. Digo que viveconvirtiéndose, porque como mujer muchas veces los rescatamos de tanvil destino, principalmente cuando vemos en ellos algún reflejo delpríncipe que nos cautivó en su momento.
Esta situación es totalmente reversible: ni bien hacen repetitivaslas costumbres del hombre terrenal vuelven a su vida de reptiles.
Para comprender mejor de lo que estoy hablando tendríamos quedefinir la palabra príncipe, aunque seguramente debe de tener tantasdefiniciones como mujeres en el planeta... Continuar leyendo