Me levanté temprano por la mañana. Ducha, café con leche. Una pequeña muda de ropa y mis discos preferidos.
Esta vez el viaje sería sola. Nada me gusta más queencarar la ruta sola con mis propios pensamientos, viendo las líneas dela ruta pasar. El viaje se hizo ameno. Apenas un auto detrás empeñado apasarme a toda costa se divisaba por el espejo retrovisor. A mitad decamino ya había desaparecido, y ante mí se empezaba a divisar elpaisaje de las curvas, los campos escondidos entre las sierras y lasnubes jugando en las alturas.
Mi destino tiene tres entradas, de las cuales elegíla del medio, tal vez por ser la más zigzagueante, divisando entrecurvas y recovecos signos de la civilización que se va asentando conmayor frecuencia en la zona, y no precisamente para criar vacas.
Tandil se presenta por las mañanas como un lugarcálido -en esta época del año-, aunque el sol perezoso tarda en haceraparecer sus rayos a través de la neblina matinal. El centro me recibecon sus mágicas calles empedradas, y en esta instancia empiezo mirecorrido para buscar alojamiento. El estacionamiento libre no aparecesino hasta pasados los veinte minutos.
Una esquina con nombre de ciudad italiana será miresidencia provisoria. Mientras espero que me preparen la habitación,me dedico a beber mi combustible diario: otra taza de café. Al ladomío, la mesa está completa por señores mayores que se dedican al artede la música ciudadana: el tango. Luego de escuchar algunasconversaciones que me hacen pensar que tienen muchos años (el Polaco,Gardel y algunas audiciones en años ancestrales, pases de factura ypasado, pasado y más pasado) constato que el lugar tiene olor, aire yambientación de tango. Y por qué tiene nombre de ciudad piamontesa?
El exquisito piano, yace contra una pared, y sobreél un impecable bandoneón con todas sus vetas desplegadas. Quéexposición de botones! Sobre las paredes algunos cuadros de artistascélebres del tango -que jamás conoceré- terminan de cerrar el decorado.
Media hora después termino de enterarme que esanoche será una noche tanguera a full, las mesas ya están reservadas consus respectivos nombres y el menú a punto de ser finiquitado. Qué nochela de esta noche! me dije, y luego salí a la calle.
Con el tango a cuestas, salí a recorrer el atestadocentro de Tandil. Creo que media hora fue suficiente para darme cuentaque había más gente que la debida, de modo que me dediqué a losplaceres gastronómicos en un bar con beatlemanía para despejarme unpoco de las penas de los acordes de la mañana.
Es así cómo degusté mi almuerzo, entre sillas demadera, cuadros de Lennon y demás Beatles, música anglo y algunas pocasmesas ocupadas, dentro de las cuales una se utilizó para hacerentrevistas de trabajo al mediodía.
Por un segundo agradecí mi día distinto, lejos de mi realidad laboral de todos los días.
En el camino obligado del placer, estaban loslibros, dentro de los cuales bucee un par de cuartos de hora, buscandoalgún tesoro que me atrapara.
Tengo un lugar preferido en Tandil, en donde no sólohay libros de estación, de estudio, best sellers y demás, sino unaexquisita colección de libros usados, amarillentos y en vías deextinción, así como también revistas de todo tipo y de toda época,cómics de colección, algo de música y películas.
Mi compra fue condicionada: primero El Arte de laGuerra. Necesitaba algún instrumento estratégico para sobrevivir en lajungla y éste me parecía el adecuado, además de ser un materialpendiente de lectura. Me asombró bastante su limitado tamaño, aunquepor el otro lado fue un alivio: podría fácil con él.
La otra adquisición fue Memorias de África, un libroque luego de espiar apenas sobre la vida de la autora - Isak Dinesen-me pareció necesario leer.
Para la tarde , luego de una breve visita a unaamiga y otras cuestiones prácticas como seguir buscando pisos para unacasa que no es mía del todo, mi persona y yo ya estaban satisfechas deestar solas y despegadas de la realidad. De modo que de común acuerdo,decidimos hacer un retiro de la ciudad y volver a los pagos.
Al volver a retirar el equipaje, constaté que elsalón ya estaba inundado por sendos materiales de sonido, parlantes,micrófonos y cables.
La jornada estaba terminada, mi ocio satisfecho. "Un día más que se va colando de contrabando..."