En realidad debería titularse cómo sobrevivir a la vida en unpueblo. Siempre he vivido en un pueblo. Sus nombres son distintos, lospaisajes que los rodean pueden definir mucho la personalidad de sushabitantes, aunque lo que parece ser siempre lo mismo es el manejo dela pequeña comunidad concentrada en un espacio reducido.
Los pueblerinos se dividen entre los que no se quieren ir nunca dellugar y los que despotrican constantemente del fatal destino que los hadejado varados en el lugar.
Un sinnúmero de costumbres pautadas marca los días del almanaque.Las mismas cuadras, los mismos almacenes, las mismas vecinas barriendola vereda. Noches de reuniones sociales para ponerse al día sólo dealgunas cuestiones de las que se puede hablar. Las otras sesobreentenderán, no se dicen en voz alta, se insinúan. Entre tejes ymanejes siempre hay alguna víctima de la deformación del comentarioinicial.
Tantas personas y tan pocas. Apariencias disfrutando de la tarde deldomingo mientras recorren las cuatro o cinco cuadras del radiocéntrico. Para socializar basta con anotarse en el gimnasio, ir a lasreuniones escolares, acompañar a los chicos en sus actividadesdeportivas, sumarse a las fiestas anuales, escribir alguna carta delectores en el diario local, fiestas semanales auspiciadas por algúnclub o cooperativa, por último la misa.
Los comercios locales son el cable conductor de las noticias"posta". Allí se generan todas las primicias para luego ser sembradas alos cuatro vientos. Las farmacias, los médicos, las enfermerascertifican algunas dudas de salud y otras cosas como atrasos yembarazos que no prosperaron.
Los empleados de la única funeraria llevarán las estadísticas: hace 25 años que no muere tanta gente: récord de 85 personas.
Es que no llueve hace rato, las tejas se opacaron, los virus danzansin contención, los animales pastan al costado de las rutas sin poderlevantar la cabeza para ver la gota esperanzadora que les traerá agua ypasto.
Los ancianos sueñan con morir donde nacieron, los jóvenes con irse y encontrar el paraíso en otro lado.
Mientras tanto nuestras miradas se cruzan en algún punto del pueblo, sin hablar sabemos que no nos podemos exponer.
Deberemos esperar la excusa perfecta para encontrarnos, cuando lasluces del día bajen lo suficiente para tratar de pasar desapercibidos oal menos para que nosotros creamos que no nos ven.
El encuentro será sólo nuestro secreto, entre nosotros y el pueblo.

Arte Down Pueblo
Colgado de un barranco
duerme mi pueblo blanco,
bajo un cielo que a fuerza
de no ver nunca el mar,
se olvidó de llorar.
Por sus callejas de polvo y piedra
por no pasar, ni pasó la guerra,
sólo el olvido camina lento
bordeando la cañada,
donde no crece una flor
ni trashuma un pastor.
El sacristán ha visto
hacerse viejo al cura,
el cura ha visto al cabo
y el cabo al sacristán,
y mi pueblo después
vio morir a los tres,
y me pregunto: porqué nacerá gente
si nacer o morir es indiferente.
De la siega a la siembra
se vive en la taberna,
las comadres murmuran
su historia en el umbral,
de sus casas de cal.
Y las muchachas hacen bolillos
buscando, ocultas tras los visillos,
a ese hombre joven
que noche a noche forjaron en su mente,
fuerte para ser su señor
y tierno para el amor.
Ellas sueñan con él
y él con irse muy lejos,
de su pueblo y los viejos
sueñan morirse en paz,
y morir por morir
quieren morirse al sol,
la boca abierta al calor, como lagartos
medio ocultos tras un sombrero de esparto.
Escapad gente tierna
que esta tierra está enferma,
y no esperéis mañana
lo que no te dio ayer,
que no hay nada que hacer.
Toma tu mula, tu hembra y tu arreo,
sigue el camino del pueblo hebreo
y busca otra luna,
tal vez mañana sonría la fortuna
Y si te toca llorar,
es mejor frente al mar.
Si yo pudiera unirme
a un vuelo de palomas,
y atravesando lomas
dejar mi pueblo atrás,
juro por lo que fui
que me iría de aquí,
pero los muertos están en cautiverio
y no nos dejan salir del cementerio.
Pueblo Blanco Joan Manuel Serrat
perro, pueblo, vecinos, vida, secretos
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