Las mujeres hemos tenido grandes historias de atrasos, y no hablo de
los atrasos mentales. No señor, hablo de atrasos en el almanaque, esos
atrasos que convulsionan, alegran, enojan, deprimen.
En una misma mujer cada atraso en su menstruación en el transcurso de su vida pudo haber tenido miles de significados distintos.
Veamos algunos ejemplos de atrasos en distintas épocas:
17 años.
Tener 17 años en la década de los ochenta es toda una proeza, porque:
1- Vas a un colegio católico. Si ya tuviste sexo todos los santos te señalan con el dedo.
2- Hace muy poco que se terminó la dictadura militar, todavía no
estamos seguros de los valores, de lo permitido, de si antes fue mejor
o si lo mejor viene ahora.
3- Tus padres en ningún momento te hablaron de educación sexual,
para qué? Si no vas a tener sexo hasta que te cases -si te casás- o
nunca en la vida -si no te casás-.
4- Tus compañeras de colegio son en un 90% unas mojigatas, llegarán
vírgenes a la cuadra siguiente, mientras ocultan que se tocan con
alguna compañera en el baño de mujeres del colegio.
5- Cuando una chica de 17 años va siempre al frente tiene el anterior 90% de población femenina como enemigos asegurados.
No sé si en esa época existían o no los tests de embarazo. Los
aprendices de hombres -llamemos así a los adolescentes varones del
momento- sabían algunos procedimientos básicos sobre el sexo, pero de
cuidarse con preservativos ni hablar.
La mejor manera de saber si estabas embarazada era mandando la orina en un frasco de dulce La Campagnola bien lavadito al bioquímico.
Obviamente, este profesional, al ser el único de un pueblo de pocas
almas, se enteraba de todo. La opción es mandar la orina a nombre de
otra mujer: por qué no la futura suegra y ocasional compinche ese día?
La cual sospecho que por esa época ya estaba en la menopausia.
Para qué seguir! A los dos días la despiertan obviando todos los manuales de psicología: a las cachetadas limpias de su madre y las puteadas de su ya consuegra con la buena nueva: iban a ser abuelas y la ya no niña era una chancha reventada.
25 años
A los veinticinco, es posible que una mujer que haya padecido lo
anterior, se haya casado y separado. Haya deseado a más de un hombre en
un día sin sentirse culpable, conseguido trabajo y esté en la cúspide:
ese lugar en donde se comienzan a construir los sueños.

La nueva pareja es un amor, digamos una mortadela. Te ama, de adora,
quiere pasar el resto de la vida con vos.... Hasta que se entera de que
hay un atraso de por medio.
Digamos que en los noventa ya hay tests de embarazo accesibles, ya sabemos que la pastilla dos días no sirve más que para cuando no se pegó el guiso
y que habiendo dado positivo, un hombre puede llegar a decir que no
porque se cagó todo, en realidad lo del resto de la vida era una manera
de decir y el compromiso es algo efímero que se lleva el tiempo.
39 años
Ya estamos en el siglo siguiente.
La pastilla del día después y el sildenalfil son los protagonistas
del sexo, pero los tests y los atrasos siguen estando en primera fila.
Parece que el apuro aventaja a la prudencia.
Luego de pasar por la etapa de la concepción inteligente de los
noventa -esa en donde te pusiste el DIU en marzo, te lo sacas en mayo y
quedas embarazada en junio- esta década llega con las expectativas del
trabajo terminado.
Los hijos encaminados, el trabajo estable. La vida sentimental tipo planicie.
Tu familia está absolutamente ensamblada: tienes hijos del primer
matrimonio, hijos del segundo. Los chicos tienen más hermanos y con
suerte tu pareja no tendrá ningún reclamo de paternidad de décadas
anteriores al HIV con otras mujeres.
Es hora de dedicarse a uno, hasta que llega el día en que te
preguntas qué estuviste haciendo exactamente el mismo día del mes
anterior, digo... como para recordar si estabas con un OB puesto.
Hacer un test con casi cuarenta años es como querer jugar al bowling después de diez.
Por supuesto no lees las instrucciones del test de embarazo, por lo
cual la primera tira se inunda totalmente en la orina del recipiente
dando falla total.
Probemos con la segunda. La mano tiembla tanto que no ves que el
recipiente tiene un recoveco para pararla solita, que son cinco minutos
de espera y que todavía tenés ganas de hacer pis.
La primera línea dictamina que la tira reactiva está en perfectas condiciones...
Los finales?
Cada mujer sabe que estuvo bastante sola en cada uno de ellos, que
tuvo que tomar decisiones, que hay que llevar bien las marcas en el
almanaque para saber quién es el padre, que el mes de descanso de la
pastilla tuvo la culpa, que el DIU se bajó, que hace mil años los
hombres no usaban preservativos y que ahora los usan a regañadientes.
Que el sexo no es sólo un momento.
La historia del test de embarazo
Ferato.com
Un papiro del Antiguo Egipto cuenta que para detectar el embarazo se
hacía orinar a la mujer durante varios días sobre semillas de trigo y
cebada. Si después de un tiempo germinaba la cebada, el hijo sería
varón; si germinaba el trigo, sería mujer; si no germinaba ninguna
semilla, la mujer no estaba embarazada (aparentemente el papiro no
menciona cual era el diagnóstico si germinaban ambas). Estudios hechos
en 1963 mostraron que la orina de una mujer embarazada promovía la
germinación el 70% de las veces, mientras que nunca lo hacía la de las
mujeres no embarazadas o los hombres.
En 1928 los ginecólogos alemanes Ascheim y Zondek desarrollaron el
método siguiente. Se inyectaban pequeñas cantidades de orina en ratas
hembras impúberes, dos veces por día durante 3 días sucesivos. Al cabo
de unas 100 horas sacrificaban las ratas e inspeccionaban sus ovarios.
Si éstos se hallaban engrosados, había un 80% de probabilidad que la
mujer estuviera embarazada. A pesar de ser bastante más complejo y
costoso que el método egipcio, el denominado Método Asheim-Zondek no
tenía más precisión.
En 1930 Collip y colaboradores descubrieron que la orina de las
embarazadas contenía(luego se descubrió que eran en realidad fragmentos
de ésta) la hormona gonadotrofina coriónica humana, actualmente
denominada HCG por la sigla de su nombre en inglés Human Chorionic
Gonadotropin.
En 1942, el citólogo argentino Eduardo de Robertis(que en ese
momento era Jefe de Trabajos Prácticos dedicación exclusiva de la
cátedra de Histología de la Escuela de Medicina de la Universidad de
Buenos Aires y Jefe de la Sección de Citología e Histofisiologia del
Instituto de Anatomía General y Embriología) determinó que la HCG actúa
sobre las células de Sertoli provocando la expulsión de espermatozoides
en los sapos. Su condiscípulo Carlos Galli Mainini, mientras trabajaba
en el Hospital Rivadavia de Buenos Aires entre 1942 y 1947, dedujo que
si la mujer embarazada eliminaba HCG en la orina, su inyección en sapos
causaría la maduración y expulsión de sus espermatozoides. Inyectó
orina de mujeres embarazadas en el saco linfático dorsal de sapos macho
Bufo Arenarium; al cabo de 2 o 3 horas examinó al microscopio su orina
observando la presencia de espermatozoides. El método, luego denominado
Reacción de Galli Mainini o Test de la rana, proporcionó un modo eficaz
y económico de diagnóstico precoz del embarazo y por ello se usó
masivamente en Argentina y América Latina durante muchos años. A juzgar
por la falta de referencias en Internet, el mismo no tuvo difusión en
Europa y Estados Unidos, donde aparentemente se usaron otros métodos
biológicos hasta el desarrollo de los inmunológicos algunas décadas
después.
Sobre los tests de embarazo
En femenino.com
Los tests de embarazo, vendidos en farmacia, son tests urinarios que
evidencian la presencia de de la hormona hCG en la orina (que no existe
en la mujer no embarazada). El test (presentado en forma de stick o de
varilla) contiene anticuerpos que reaccionan en presencia de la hormona
de embarazo. Una línea azul o una pequeña cruz aparecen en función de
tu estado "embarazada" o" no embarazada" (estos signos difieren según
las marcas).
El nivel de hCG alcanza un punto alto entre las semanas 7 y 12 del
embarazo. El nivel de hCG baja a continuación, lo que explicaría en
parte, la desaparición de náuseas, después de las 12 primeras semanas
de embarazo. El nivel de hormonas alcanza entonces un nivel estable a
lo largo de todo el embarazo y se mantiene alrededor de unas tres
semanas después del parto.
A pesar de que la mayoría de los tests se pueden realizar en
cualquier momento del día, siempre es preferible realizarlo por la
mañana, después de despertarse, ya que la orina está más concentrada.
El test tiene más posibilidades de ser positivo en caso de embarazo
reciente.
La absorción de una cantidad demasiado importante de líquido antes
de realizar el test puede diluir la hormona de embarazo. Por ello,
trata de evitar beber demasiado líquido antes de hacer el test.
Como lo explica la Dra. Joëlle Blumberg, ginecóloga en París: "un
test es infaillible si es positivo. En cambio, en caso de resultado
negativo, éste puede ser erróneo. Las razones: o bien el test es
demasiado precoz o bien, está caducado". La mayoría de los tests son
fiables desde el primer día de retraso de la menstruación. Si tus dudas
persisten, repite el test 3 días después, en caso de respuesta negativa.
Material de lectura adicional:
Advierten que no hay que abusar del test de embarazo (Clarín)
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