Cada cinco años, llega el momento crucial en la vida de un automovilista, en que debe renovar el carnet de conducir.
En
realidad no deja de ser un trámite más, común y silvestre, plagado de
burocracia como cualquier otro, salvo por algunos detalles.
El
domingo a la mañana sonó mi celular con un recordatorio: Carnet de
conducir. Ni siquiera puedo acordarme de cuándo había introducido tal
información al aparatejo. Lo cierto es que no había chequeado
que el día en cuestión no era hábil. Luego de pasar el recordatorio el
lunes y constatar que realmente se me estaba por vencer la licencia
puse manos a la obra.
Arranqué
el lunes enfilando hacia el departamento de tránsito. Por suerte no
había casi gente y salí rápidamente con la orden para un oculista. El
diagnóstico fue el esperado: 100% visión con el ojo derecho y 40% con
el izquierdo, puede manejar hasta camioneta con acoplado. Por un
momento pensé que tenía la mochila bastante pesada como para llevar
encima un acoplado. El oculista me contó -mientras me tomaba la presión
ocular- la historia de un matrimonio que era extremadamente feliz ya
que los dos eran muy cortos de vista. Entre la historia y mis pupilas
como dos huevos fritos salí a la calle como pude.
El siguiente paso era ir a sacarme la dichosa fotito.
Al
llegar a la casa de fotografías un muchacho vergonzosamente joven me
hizo sentar en un cuarto con fondo blanco, me sacó la foto y me la
entregó, todo en el lapso de 5 minutos. En el minuto 2.5 me preguntó si
me gustaba la foto o quería otra, le dije que sí porque no podía
articular otra cosa.
En la
calle me atreví a ver: la señora que estaba en ese pedazo de papel
brillante diminuto no era yo de ninguna manera. Parecía de más de
cincuenta, las sombras caían justo en los lugares menos beneficiosos:
surcos y ojeras. Mi Dios! Si parecía una radiografía del estado de mi
alma! Todas las noches anteriores sin dormir figuraban también en la
foto. Usarían alguna cámara especial? Encima, en plan de parecer seria,
había puesto la comisura de la boca arqueada para abajo, si lo único
que me faltaba era el revólver a un costado de la cabeza para completar
el cuadro.
Hice
dos cuadras caminando y decididamente me metí en otra casa de
fotografías. Esta última, más modesta, tenía un compartimento medio
extraño, como de plástico, con el fondo casi turquesa. Pensé que
estaría más cerca del cielo con esa foto. Antes del flash me dije que
estaba viva e hice un esbozo de sonrisa, siempre tratando de no cerrar
los ojos.
Bingo!
Esta señora de la foto, estaba más luminosa, sus ojos brillaban, y si
bien tenía cinco años más que la señora de mi carnet anterior de
conductor, no tenía nada que envidiarle. Mientras miraba las tres fotos
pensaba que todas ellas eran parte de mi, y que a una de ellas había
que matarla.
No se
hagan problema sino escribo durante estos días, es que ya tengo un
turno en la peluquería y otro para hacerme una reconstrucción facial.
perro1970, foto, carnet, personal, relatos, licencia, conductor
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