
Mientras la rutina hace su trabajo y tiñe todo de ese color que andaentre el pastel y el salmón, algún chispazo interno nos dice quetenemos que cambiar el rumbo, por lo menos el rumbo de la siguientemedia hora, o un poco más.

Primera opción: jornada dedicada al paracaidismo. La oportunidad queestaba esperando se esfumó tan rápido como duró la llamada telefónicaen la cual me dijeron el precio de tirarse maniatada a un instructordesde los cielos.
Segunda opción: en un acto desesperado por no parecerme a Moby Dicken la playa, busco alguna otra actividad física distinta de la quehago, el objetivo es doble: divertirme (¿?) y ponerme en forma.
Empiezo a recorrer las ofertas disponibles en la materia, más de lomismo, (bici de interior, yoga, pilates, aero local, aero box, aeroetc, artes marciales, inflarse levantando peso, salsa, baile delvientre) hasta que encuentro un grupo de aprendizaje para correr.
Empezar a trotar a fines de octubre es toda... Continuar leyendo